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martes, noviembre 12, 2002 ( 11/12/2002 ) Hetoo Que importa la realidad, si el cerebro manda Ayer fue una tarde de domingo, como tantas otras tardes de domingo. Pero tuvo algo especial... Hace ya casi 6 meses que quedamos los de mi grupo de rol todos los domingos por la tarde para jugar. A no ser que tenga algo muy importante que hacer (al igual que el resto) no me lo pierdo. En principio porque es una putada que falte cualquiera. Se ha vuelto una rutina. Un día de la semana pasada tuve una discusión muy gorda con B. No es la primera vez que pasa. No sé si será la última. B y yo no solemos discutir sin una buena razón. Una buena razón es que uno de los dos le haya hecho una buena faena al otro. El proceso normal es que el que sea que se sienta agraviado se lo hecha en cara al otro (a veces hay mas razones, a veces menos). Discutimos. Se explica si hay algo que explicar. Se grita si duele demasiado. Se hace daño al otro porque se puede. Después de tanto tiempo hay muchas cosas que echar en cara. Salen a la luz cosas que normalmente no forman parte de nosotros, y a veces cosas que si forman parte, pero no queremos que lo hagan. A veces, lo arreglamos en el momento. A veces no. Dejar las cosas para mañana a veces hace que los ánimos se apaguen y se vean las cosas como son: tonterías al lado de todo lo que nos queremos. Esta vez es distinto. La discusión fue por los cauces normales. No lo arreglamos en el momento. Ni siquiera me acuerdo exactamente de qué pasó. Solo sé que le hice daño. Fue algo que hice, que no tenía nada que ver con él, aunque provocado por algo que me había dicho el día anterior durante una bronca que si arreglamos en el momento. Se enfadó muchísimo. Yo mas. Esta vez es distinto. No sé si quiero que siga formando parte de mi vida. Eso no quita que le quiera un montón y que desee que las cosas le salgan todo lo bien que se pueda. Pero tengo la impresión de que seguir viéndonos solo lleva a que sigamos haciendonos daño. Y no me refiero a las discusiones (que no abundan). A lo largo de la semana hemos coincidido varias veces. Ni siquiera le miré. El día del cumpleaños de M le saludé porque me lo pidió ella. El domingo por la tarde podía haber hecho muchas cosas. Pero lo que me apetecía era ir a casa de B a jugar. Pero no me apetecía nada verle. Así que me quedé en casa sin hacer nada, intentando decidir qué hacer, y pasando de hacer nada porque en realidad no me apetecía hacer eso (fuera lo que fuera). Así pasó la tarde. Además me sentí bastante abandonada porque ninguno de ellos me llamó para preguntarme si iba a ir o por qué no iba. Al final llamé a J, para pedirle una cosa mía que tiene él. Sabía que J iba a estar allí. Después de marcar estuve a punto de colgar, pero ya estaba sonando, así que hablé con él. No había habido partida. J estaba en la cama con una faringitis de caballo y B y Q habían ido a su casa a hacerle compañía. El mundo me volvió a parecer un lugar habitable. Vi una peli con M y P (la misma que un rato antes no me apetecía nada ver) y pasé el resto de la tarde entretenida con ellos. En fin, esto refuerza mi idea de que no hay como sentirse dolido para que todo vaya mal. O algo así. # |
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