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jueves, junio 10, 2004 ( 6/10/2004 ) Hetoo ¡Están locos estos romanos! Después de pasar casi 5 días en Roma nos sentimos con el peso moral suficiente como para sentar cátedra sobre el comportamiento de los romanos y sus motivaciones. Queremos compartir con vosotros nuestros conocimientos para que podáis abusar de ellos si por casualidad caéis cerca de dicha ciudad. Los romanos tienen un par de cojones extra La mayor diferencia entre los romanos y el resto de los habitantes del planeta tierra, es una anomalía genética a la que sacan mucho partido. Tal es: tienen un par de cojones de sobra. Mujeres incluidas. Estos dos cojones de mas los usan para una tarea fundamental en la vida cotidiana: cruzar la calle. En Roma, los semáforos están para dar una pátina de civilización a la ciudad. En realidad no sirven para nada. No los necesitan. Sin embargo, tu, pobre turista, que no estás enterado de las costumbres locales, te dejas intimidar por ellos. Te acercas a la vía, que no es una típica calle de dos carriles, no. Allí cuando se ponen a construir lo hacen a lo grande: cuatro carriles para cada sentido y una velocidad media de 100 km/h, sin contar que el flujo de tráfico no deja un claro por mas de medio segundo. Bien, entre tu y un atropello seguro, se extiende como una broma, un paso de cebra medio despintado en el suelo. Llegas, paras, buscas un claro. Esperas a ver si para alguno de los 700 coches por minuto que pasan ante ti. Extiendes una patita, ves como aceleran... te retiras de un salto. Y de repente, una italiana con el carrito de la compra, sin siquiera llegar al paso de cebra protector, se lanza a cruzar... Te llevas las manos a la cabeza, te tapas los ojos esperando el agónico grito final, atisbas entre los dedos medio abiertos porque el morbo puede contigo... y ves, como de alguna forma, la italiana y el carrito llegan sanos y salvos al otro lado de la calle sin un solo rasguño y sin que haya frenado ni un solo coche. Entonces es cuando piensas: "si hago yo eso, ¿funcionara?". Obviamente no. No sin esos dos cojones de mas que permiten no amilanarse cuando ves como los coches se te vienen encima. Media hora después y 6 italianos cruzados sin mayores problemas, decides que ya está bien, que hay que cruzar como sea. Es entonces cuando inventas el Método para que los guiris crucen la carretera: cerrar los ojos y lanzarte al otro lado sin mirar. Funciona El transporte público lo mantienen los guiris En Roma solo hay dos líneas de metro, y es que en cuanto se ponen a excavar encuentran ruinas, y tienen que dejarlo. A cambio, tienen una telaraña de líneas de autobuses y tranvías que además, ¡son gratis! Si lo sabes, claro. Tu, ignorante turista que vienes de un país donde el transporte público lo pagan los que lo usan, intentas seguir con la costumbre. Lo intentas. Pero no es tan fácil. Para empezar los billetes solo los venden en el metro y en algún misterioso establecimiento que mantienen oculto a los ojos indiscretos. Y son billetes por tiempo. Duran 75 minutos y te permiten hacer un viaje en metro y toooodos los que quieras en transportes superficiales. Así que llegas al metro y compras el billete. Lo utilizas para pasar el torno, sales en la estación de destino, ves el monumento de rigor, echas a andar hacia el siguiente monumento y cuando llevas media hora andando bajo un sol abrasador, las ampollas empiezan a adueñarse de tus pies y miras el mapa y te das cuenta de que te queda aún la mitad del recorrido, de repente ves una parada de autobús y cual bombilla que se enciende te acuerdas de que el billete que compraste casi seguro que sirve todavía. Lo sacas, lo miras y certificas que aún le quedan 5 minutos válidos, así que cruzas los dedos y esperas que el autobús que quieres aparezca a tiempo. Por supuesto, cada 5 minutos pasa por orden alfabético uno de los 15 autobuses que frecuentan esa parada, hasta que cuando ya has hecho la revisión de todas las líneas, mas de media hora después aparece el tuyo. Apelando al guiri-poder de "mi no entender" entras en el autobús decidido a hacer colar ese billete con un: "pero si todavía es válido ¿no?", y cual no será tu sorpresa al descubrir, que allí no hay revisor, ni forma de comprar el billete, ni persona alguna que haga ademán de ticarlo en la máquina que para ese fin existe frente a cada puerta. Porque claro, allí no se entra por la puerta delantera, se entra por cualquiera de ellas. El billete ya no es válido, y tu lo sabes, así que sintiendo las miradas de todos los romanos en la nuca, y notando como te señalan todos con el dedo y murmuran "ese se ha colado", agachas la cabeza, no haces siquiera ademán de acercarte a la maquinita, y te diriges raudo a otra zona del tranvía donde no te hayan visto entrar. Ahí es donde compruebas que el conductor va en una cabina aparte. 7 paradas después te das cuenta de que allí no tica ni el revisor y que aunque lo intentes no va a servir de nada: la maquinita no funciona. Te bajas pensando ?he tenido suerte? pero no... como puedes comprobar 6 horas mas tarde, a 17 km de la parada de metro mas cercana y con dos morcillas a punto de estallar en el lugar donde deberían estar los pies, que es cuando decides colarte otra vez puesto que ya no puedes dar un paso mas y no estas dispuesto a pagar los 5 euros de bajada de bandera de un taxi que te podría llevar a la parada de metro mas cercana (cuando por otro lado por lo que quieres coger el tranvía es para ir a la parada de metro mas cercana), es que ¡en los tranvías no se paga! Esperas otra vez cerca de media hora, porque obviamente tu tranvía es el último en pasar. Te metes por la puerta trasera, por si acaso, junto con una avalancha de italianos. Y observas claramente como allí no tica ni el tato. Mas tranquilo, pero aún con el pulso un poco acelerado, tomas asiento y disfrutas del viaje sin quitar ojo a todos los tipos de azul que entran en el tranvía. Por si tienes que salir corriendo. Llegas a la estación de metro, y entonces es cuando descubres la verdad: ¡es obligatorio colarse en el transporte público! Termini: la gran estación central. 8 máquinas expendedoras de billetes y solo una operativa. Como todo el mundo sabe, una buena cola es un aliciente irresistible para todo turista que se precie, y la cola que estaba formada tras dicha máquina es de dimensiones mas que considerables. Comparable en tamaño a la de Smaug. Y cienes y cienes de italianos que pasan al lado de la taquilla, donde el sufrido empleado sin levantar la mirada del televisor no hace nada por comprobar que los romanos que pasan a su lado no enseñan billete ni nada que se le parezca. Ni siquiera se molestan en saludar. Así que ni corto ni perezoso, poniendo cara de gladiador, te diriges a la avalancha de romanos que pasa por la cara y haces como que es lo mas normal del mundo, mientras seleccionas de entre las pocas palabras que sabes en ese idioma algo que suene parecido a "este billete - el de 75minutos que compraste hace 6 horas - vale para todo el día, que me lo han dicho cuando lo he comprado", esperando que el citado funcionario levante la mirada justo cuando pasas a su lado y llame a seguridad y... aparte de ahorrarte una cola de una hora, no pasa nada. Llegas a tu destino y una vez descubierto el secreto, no vuelves a pagar en el transporte público. Y no te desprendes del billete hasta que abandonas el país, claro. Por si acaso. Il gato di Roma Uno de los grandes secretos de Roma que apenas llega a atisbarse viendo las postales, que en su mayoría aparecen bajo el lema Il gato di Roma, es que la mitad de los tenderos romanos son gatos. Por supuesto, tienen su puesto en todo escaparate que se precie de tal, ya sea en forma de pedestal sobre el que se acomoda el minino o de hueco en la estantería entre el resto de tallas. No os dejéis engañar, son de verdad, no esculturas. Al menos bajo la luna llena. ¿Probabilidad de boda? La probabilidad de ir a visitar un monumento público, ya sea iglesia o cualquier otro que tenga habilitado un altar, como por ejemplo el panteón, es exactamente de una entre un millón. Existen pruebas irrefutables, todo turista que se precie en 9 de cada 10 veces que se acerque a un sitio como el arriba descrito podrá disfrutar de una boda en curso. De paso tendrá la oportunidad de identificar a alguna de las otras 500 personas que comparten el mundo con él, como por ejemplo un policia nacional (no un polizia nazionale) que casualmente será encontrado cuando el turista descubra que está completamente perdido en medio de la montaña y podrá indicarle amablemente como llegar al mirador mas espectacular de la zona y como volver a la civilización a continuación. En el idioma del turista, por supuesto. Obviamente luego te lo encontrarás en el avión de vuelta. # |
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