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jueves, agosto 26, 2004 ( 8/26/2004 ) Hetoo Fantasmas Ayer estuve con un fantasma. Un amigo de juventud, de esos a los que le juras amistad eterna y que dejan huella indeleble. Un amigo que me traicionó de esa forma que solo se puede hacer cuando eres joven, cuando eres inocente y crees que los demás son buenos y que nunca te traicionarán. Su traición me dolió. No me la esperaba y eso la hizo mas dolorosa aún si cabe. Pude llegar a comprenderla, a entenderle, pude llegar a perdonarle. Fue un dolor pasajero. Me dolió infinitamente mas que me abandonara. Desapareció sin dejar rastro. Mis intentos por recuperar su amistad, los buenos ratos pasados en su compañía, las charlas, el cariño... se vieron ahogados por un muro de indiferencia, de desprecio. Me resistí contra lo evidente durante mucho tiempo, pero llegó un momento en el que tuve que aceptar que mi amigo se había ido y no volvería. Que lo que veía e identificaba como mi amigo era otra persona, que burlona, se reía de mi desde esos ojos antaño conocidos. Dolió. Dolió como si un hierro candente hurgara en mis intestinos, y me desgarrara por dentro, pero le dejé ir. Y el tiempo fue curando las heridas. Ayer me confesó que la vergüenza y la culpa por lo que había hecho no le permitían mirarme a la cara. Por eso habían resultado vanos mis intentos de recuperar su amistad. Ayer estuve con un fantasma. # |
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